La Naturaleza Traumática de la Verdad

Imaginaos que sois un árbol, y que un malvado ser os arrancase de vuestra tierra y en el proceso rompiese vuestras raíces. Así se puede sentir descubrir una verdad trascendental… Una epifanía puede causar el peor de los dolores jamás experimentados.

¿Cómo os habéis sentido cuando descubristeis que ella o él no os amaba? ¿Cómo os habéis sentido cuando un ser amado os mintió? ¿O cuando una traición fue revelada a vosotros?

Platón ejemplificó esto en su famosa Alegoría de las Cavernas. Si no conocéis la historia aquí os hago un pequeño resumen. Imaginaos a varios hombres atrapados en una cueva. Todos ellos encadenados, desde su nacimiento.

Lo único que ven son sombras de figuras causadas por un fuego. Nunca en toda su vida han visto algo diferente.

¿Qué pasaría si uno de ellos saliese al aire libre?

Si descubriese que hay un mundo animal y vegetal, que hay un sol y una luna que determinan los días y estaciones, que el viento mueve las hojas y que el rocío las refresca… ¿qué pasaría?

Volvería contento a la caverna a contarle a sus compañeros acerca de las maravillas que vio e intentaría liberarlos.

Para desgracia de él, sus compañeros no le creerían, lo insultarían por perturbar su paz, lo golpearían, y lo terminarían asesinando.

¿Habéis captado mi punto?

¿Todavía no?

La verdad duele, hiere, perturba, y en casos hasta te puede hacer desangrar. Si fuese una luz, podría cegar a ciertas personas con su destello.

Por ello aceptar la verdad, y con ello la realidad; requiere -en los términos más ordinarios- huevos… cojones… bolas… ovarios.

La verdad no es para miedicas ni para personas débiles.

La verdad forma a los valientes, como el fuego forja a las espadas.

Todo esto yo lo sé porque yo también temí a la verdad. Y también porque me dolió.

Quizá yo fui afortunado porque sobreviví al impacto.

Hay otras personas que no.

Tuve un excelente profesor de historia en la universidad. Él era gay y ateo.

Un día nos comentó acerca de como es que se volvió ateo. Él venía de un colegio ultra-religioso y toda su vida había sido muy conservador.

Cuando de repente, de manera imprevista, así como un rayo golpea contra un árbol, él tuvo una epifanía.

Dios no existía.

Segundos después, él tuvo que correr al baño a vomitar. La verdad le chocó tanto que literalmente tuvo que hacer eso.

Saber que en lo que creíste la mayor parte de tu vida era falso puede en algunos casos destruir los cimientos de tu existencia.

La razón por la que los teístas creen en la existencia de Dios, es justamente porque tienen fe. Nadie ha logrado evidenciar la existencia ni la no-existencia de un ser supremo. Nadie.

Pero muy independientemente de ello, hay dos tipos de personas en este mundo.

Los hay aquellos que si mañana se diesen cuenta que Dios no existe, ellos continuarían creyendo en una falsedad porque su mundo, su ideología se les caería a pedazos y hay otros que si tal verdad fuese revelada ante ellos, ellos podrían sobrevivir el trauma y aprenderían a vivir con ello.

Esto se aplica no solo a teístas, pero también a los ateos en el caso que mañana se diesen cuenta que Dios sí existiese.

Reconocer un error puede ser fácil, pero reconocer un error en el cual se ha basado toda tu vida requiere mucho coraje y valentía.

Ojalá que yo logre sobrevivir la ola de impactos, que no solo me espera a mi pero a todos, y cada uno de nosotros.

Escrito por Raúl A. “Radwulf” Valero Chávez

24/06/2017

 

 

 

 

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