La santificación de los pecadores

Juan Pablo II agonizaba en su lecho de muerte. Corría el año 2005, era una tarde soleada, y como pocas veces sucede en Lima, el cielo se veía como un eterno mar con trazos de blancos. La noticia nos llegó a clases en el momento que salíamos todos a comer.

“El Papa ha muerto”

Su deceso me entristeció y cuando miré a los cielos pude sentir que su alma subía a las mismas nubes que estaba viendo en ese momento. En el fondo de mi lo sabía. Aquellos que fueron criados ateos desde su infancia, desconocen lo que es tener fe. Fe es ese momento en que sin prueba alguna crees en algo porque tu corazón te lo dice.

“El Papa no ha muerto muerto todavía.” – dijo entonces alguien.

Y era verdad. Minutos atrás, una agencia amarillista de noticias británica o australiana había soltado la falsa noticia para conseguir atención.

¿Y qué fue de lo que vi o creí ver en el cielo?

“Eso era fe” – me dijo mi conciencia.

De todas formas ese mismo día el papa feneció, y cuando me enteré ya había anochecido, y el cielo no tenía nubes ni estrellas que alimentasen mi fe.

Esa fue quizá la experiencia más religiosa que alguna vez tuve.

Tiempo después cuando dejé de ir a misa y mi catolicismo pasó a un tercer plano en mi vida, una foto cambió totalmente la imagen que tenía en mi mente del famoso papa viajero.

Juan Pablo II y Ernesto Cardenal

Nicaragua fue durante mucho tiempo gobernada por la familia Somoza. Gracias a la dictadura brutal de ellos, miles de personas murieron y además fueron explotadas por empresas estadounidenses que operaban ahí.

Por ello se fundó entonces el Frente Sandinista de Liberación Nacional, un grupo de guerrilla que luchó sin descanso contra la dictadura de Anastasio Somoza.

Parte de sus integrantes, ¡eran incluso clérigos!

¿Cómo es eso posible?

En esos tiempos surgió la llamada teología de la liberación (movimiento repudiado por su santidad), que quería amistar los conceptos de comunismo con el cristianismo católico imperante en Latinoamérica.

Un ejemplo muy pero muy notable de este movimiento religioso/político es el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez Merino y el otro ejemplo está justamente retratado en esa foto que me desilusionó del ex papa.

Ernesto Cardenal, sacerdote y luchador social nicaragüense del FLN, que en ese entonces era ministro de cultura, se arrodilló frente al representante de Cristo en la tierra.

Pero al Papa Juan Pablo II le importó poco que hubiese sido un luchador en contra de la brutal dictadura de los Somoza. Para él, Ernesto Cardenal jugaba para la ideología equivocada.

Pero bueno, era la guerra fría, la mayoría de comunistas no apoyaban la religión, y etc, etc, etc. además claro que es posible que Karol Wojtyla hubiese recriminado a Cardenal por haber mezclado su rol de sacerdote con el de político. Lo cual comprendería de no ser por el otro caso:

El papa y el pederasta

Marcial Maciel, el fundador de la organización religiosa mejicana, los Legionarios de Cristo era muy cercano al reverenciado y amado Papa Juan Pablo II. A pesar de que el papa en 1997 recibió una carta abierta de varias víctimas de abuso sexual de Maciel… el papa no dijo ni pío.

Es más, después de la muerte de Juan Pablo II, Benedicto XVI le dio a Maciel el peor castigo jamás hecho contra un pedofilo. Le quitó las vestiduras de la sacerdocia y lo condenó a una vida de retiro y penitencia en su lujosa residencia en Italia.

Algo similar sucedió con el pedofilo chileno Karadima.

Y hoy, es la misma historia con el abusador sexual Luis Fernando Figari (el fundador de la congregación que fundó mi colegio).

Aquí no pasó nada.

Ahora apuesto a que muchos trataran de decirme… pero ¡hombre!, nadie es perfecto.

Y tendrían toda la razón…. porque NADIE es perfecto.

Por ello es estúpido elevar a la santidad a un individuo como Karol Wojtyla.

Un buen grueso de católicos le hacen un blow-job reverencial a figuras como estas.

Yo ya no.

El problema humano de poner en pedestales a otros seres humanos, es que cuando aprietas la herida salta la pus.

Juan Pablo II no solo era Juan Pablo II el santo que quiso unir a un mundo y crear lazos de paz y amistad… también era Karol Wojtyla: Un polaco conservador con una tolerancia por los depredadores sexuales como por uno de sus mejores amigos: Marcial Maciel.

No existen los seres perfectos sabios y divinos; y nunca los existirán. Antiguamente los dioses, eran seres con defectos. En la Grecia helénica, a pesar de que se adoraba a Zeus, todos sabían que este dios era colérico. En ese entonces no existía el concepto del Dios perfecto e omnipotente, sino el de los dioses defectuosos al igual que sus contra-partes humanas.

Fueron los cristianos que introdujeron el concepto de un dios omnisciente, omnipresente y omnipotente; que a mi parecer no funciona y jamás va a funcionar en los seres humanos.

Por ello, si hay algo que aprendí de mi antigua admiración por el papa, es que -perdonen la vulgaridad- nunca hay que chupársela a una figura pública.

A ninguna.

Ni a Churchill, ni a Mahatma Ghandi, ni a Mandela, y sobre todo, ni al mismísimo Juan Pablo II.

Amen.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *