VIDEODROME y la generación de los millenials

A los catorce años, ver películas como Holocausto Caníbal, La Mosca, o La Cosa; es más o menos una actividad de búsqueda de respeto. Es un statement para decir: “No soy un niñato que ve películas de Disney de Dreamworks, ni soy de los pavos que ven Nickelodeon y Cartoon Network.”

Ese era mi statement contra el gusto mainstream de mis compañeros de colegio.

Obviamente a esa edad tu comprensión de tales obras es incompleta o reducida. Lo único que queda en tu mente son las escenas gore y lo raro, e indescifrable, de temas que escapan tu edad.

Hoy día volví a ver Videodrome, una de mis películas favoritas de los años 80’s. A pesar de los créditos vintage, los blue-jeans shrink fit, la música con sintetizador, y la temática “cyber punk”; este filme es, más actual que los vídeos banales de youtube, que facebook, y que instagram.

La película trata de Max Renn, el co-dueño de Civic-Tv, una emisora de violento material pornográfico basura. Un día, un empleado suyo logra dar con la señal pirata de un programa clandestino llamado Videodrome, que es algo así como un programa de snuff, donde se tortura y mata personas, que se transmite 24/7. Max hace todo lo posible par encontrar a los creadores, para poder emitir ese programa en su televisora. Para su mala suerte, ver Videodrome, causa tumores en el cerebro de sus tele espectadores.  Tumores que inducen a la alucinación. Sin poder distinguir entre la realidad y sus alucinaciones, Max, al mismo tiempo, tiene que lidiar con una oscura conspiración del gobierno.

Este filme cronenbergiano es un profeta de la biblia cibernética.

Si volvemos 33 años atrás, nos encontraremos en un mundo donde se tenía que ir a la biblioteca porque no había la wikipedia, donde tenías que llamar a una central telefónica para que le escribiesen un mensaje al beeper de un amigo, donde los celulares eran del tamaño de un ladrillo, y donde las películas en Betamax, reinaban en el mercado.

En esa nueva era tecnológica, Cronenberg intentó poner en pantalla al “homo tecnologicus” del vídeo y la televisión. Max Renn es la versión ochentera de un millenial que anda todo el rato con su telefonito pegado al Whatsapp y al Face. Max le pide literalmente a su secretaria que todos los digas le haga un vídeo, que él ve religiosamente todas las mañanas, donde le indica las futuras citas y actividades que tiene en su día. ¿Quién haría eso en los años 80’s? Hoy en nuestros días, sin embargo ¿no nos enviamos vídeos con mensajes personales?

El mundo de Max Renn está subyugado por el mundo de las imágenes. Es más, la premisa subtextual de toda la película es que la pantalla es la retina del ojo mental. Por lo tanto, lo que sucede en pantalla es real, o incluso más real de lo que sucede en la vida real. De tal manera el mundo vídeo se vuelve el camino a la segunda etapa evolutiva del ser humano, la nueva realidad…… la nueva carne.

Hay una interesante escena donde un grupo de beneficencia se encarga de brindar cabinas personalizadas donde los indigentes pueden ver televisión, bajo el argumento de volver a conectarlos con el “mundo real” del cual son ajenos. Hoy hay tantos indigentes en las calles, que disfrutan más del chateo en un móvil que de una conversación in vivo. La nueva carne es Facebook, Instagram, Twitter, y Whatsapp.

Cronenberg lo supo.

Eventualmente las cintas de Betamax se iban a quedar cortas para atrapar a los seres humanos en nuevas y “más reales” realidades. Si no se dan cuenta de tal vaticínio, y tienen estomago fuerte para las cosas raras, vean Videodrome.

 

 

 

 

 

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